Después del año 1927, el homenaje a Góngora fue interpretado de muy diversas maneras, pero se dieron cuenta de lo que nosotros decíamos y era que Góngora necesitaba un desagravio, creo que lo conseguimos. Se le tomó completamente en serio, las ediciones se agotaron enseguida, empezaron a menudear los homenajes poéticos, como demostraron los números de Litoral y otras revistas, y ya no había ningún motivo especial para seguir ocupándonos de Góngora, sino que había otras cosas a la vista. Por ejemplo, al año siguiente, era Fray Luis de León, el año 1928. Y fue Carmen, mi revista, la que le dedicó un homenaje en un número completamente en serio en el que colaboramos todos. Colaboraron Alberti, Larrea, Federico, Guillén, en fin, todos. Resultó uno de los números mejores de Carmen.

Entonces vino una prueba bastante grave, que fue la guerra, que trajo como consecuencia que cada uno tomase las cosas a su manera de entender, pero esto no estorbó lo más mínimo para que conservásemos nuestra amistad, e incluso, la divergencia cada vez más acentuada en las poéticas respectivas, porque unos empezaron a hacer una poesía más o menos tipo surrealista, como Aleixandre, que fue el primero que empezó, o Cernuda, y otros dieron también más calor y más pasión a su poesía. Alberti cambió también de pronto y empezó a hacer los libros, Sermones y moradas, más llenos de frases más o menos fuertes contra la burguesía y de tipo político. Sin embargo, nosotros nos seguíamos tratando y estimándonos y queriéndonos como siempre y nos veíamos siempre que había ocasión en cenas o en tertulias.

Por ese tiempo es también la llegada de Neruda a Madrid, en el año 1932, si no recuerdo mal. Neruda también tenía tertulia en su casa, aunque otras veces iba a otros sitios, y vino a coincidir con la llegada de Miguel Hernández, que venía aquí a perfeccionar su formación literaria espontánea, pero ya tan rica y llena de dones naturales. Tuvo la suerte de conocer a Cossío que fue el le ayudó, porque que le colocó en Espasa-Calpe para que le ayudase a hacer el libro de Los toros, con los gráficos y los trabajos de organización. Yo fui uno de los primeros en conocerle porque me había mandado su primer libro, Perito en lunas. Todos le queríamos mucho a Miguel.

Vino la República, se fueron enconando más las cosas, dentro de la misma República, en distintos bandos, coincidiendo todo esto con mi marcha de Madrid y mi vuelta a Santander. Fue entonces cuando un grupo de amigos y admiradores de Juan Ramón, fundaron en Sevilla una revista para exaltar el tipo idealista y de belleza de la poesía, tomando como maestro a Juan Ramón, y en cambio, Neruda fundó Caballo Verde para la poesía que editaba Manuel Altolaguirre, en que sostenía que la poesía debía tener las manos sucias, mancharse con el léxico de todos los días y estar reflejando todas las realidades del momento. Con este motivo se enzarzó una polémica tremenda. A mí me pidieron los amigos, Neruda y Altolaguirre, a Santander me escribieron, yo les había mandado una colaboración, publicaron un poema mío, pidiéndome mi adhesión en contra de Juan Ramón y yo les dije que no, que esto era como una guerra civil dentro del Frente Popular, entre republicanos por un lado y comunistas y socialistas por otro, y, como yo no pertenecía a ese frente ni me había metido nunca en política, ni me interesaba la política, prefería quedarme en casa y que no contasen conmigo para esas guerras intestinas.